Cuando era chica, en casa no sobraba nada.

Tuvimos VHS cuando ya todos tenían DVD, y el DVD llegó cuando el resto hablaba de Blu-ray.  Blockbuster en otras ciudades y Casablanca en la nuestra, eran el Netflix analógico. Alquilabas todo como si fuera una renta de trajes para pasar el finde frente al TV.  La tecnología la veía en casa de mis amigas, como quien mira un mundo que parece de otro planeta: el monitor con fondo azul, los parlantes que sonaban fuerte, las luces de encendido… todo me parecía mágico.

 

Nunca me imaginé que algún día íbamos a estar del otro lado.

 

La historia de nuestra tienda empezó con Cristian. Él fue quien dio el primer paso con un DVD Club. Con pasión, con visión y con muchísima dedicación, fue armando de a poco lo que hoy es mucho más que un negocio: es un espacio donde la tecnología está al alcance de todos.

 

Después me sumé yo, con la misma emoción, con mi historia a cuestas y con ganas de aportar desde otro lugar. Porque aunque nuestros caminos fueron distintos, compartimos un mismo sueño: ayudar a otros a acceder a lo que alguna vez sentimos tan lejano.

 

Por eso, en nuestra tienda no se trata solo de vender:

Se trata de escuchar.

De explicar sin apurar.

De hacer sentir a cada persona que no importa cuánto sepa (o no), ni cuánto tenga para gastar: acá hay lugar para todos.

 

Porque los dos estuvimos del otro lado del mostrador.

Soñamos con algo que parecía inalcanzable.

Y si hoy podemos acercar un poquito de ese mundo a otras personas,

entonces todo valió la pena... o la alegría.

 

 

Music House — Tecnología con alma humana.